09 AGO 2016

John Lydon: el pasado ya está escrito

Antes de su show en Buenos Aires, un análisis de su autobiografía En "La ira es energía" donde el cantante de los Sex Pistols y PiL recuerda su vida con ingenio, humor, bronca y alegría.
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Por Pablo Strozza

 

John Lydon es, sin ninguna duda, un prócer de la historia del rock and roll. Pero, justo es decirlo, también es un megalómano. Sólo así se entiende la aparición de La ira es energía, el segundo volumen de su autobiografía, cuyo antecedente es No Irish No Blacks No Dogs. Una conducta que tiene el antecedente de otro disparatado del rock inglés, pero que lamentablemente no posee su popularidad: Julian Cope, con Head On y Repossessed

 

Pero, justo es decirlo, La ira… hace foco en dos aspectos que no aparecían en No Irish…: la infancia y la adolescencia del cantante, y su trayectoria artística al comando de Public Image Ltd. (PiL), o sea, su carrera posterior a su paso por los Sex Pistols. La infancia de Lydon, más allá del afecto que profesa en todo el libro por sus padres, está marcada por un hecho crucial, que marcó un antes y un después en su vida: una meningitis que lo afectó a los siete años, gracias a la inmensa población de ratas que pululaban por su barrio natal, ahí nomás de la vieja cancha del Arsenal londinense (una pasión, la de los Gunners, recurrente en todo el texto). Por esa enfermedad, que lo hizo olvidar literalmente el habla, perder la memoria y retrasarse un año en el colegio, Lydon adoptó su postura de jorobado “a lo Ricardo III”. Pero también eliminó para siempre el superyó de su personalidad: “Pronto descubrí que las palabras eran mi arma (…) Me convertí en una especie de portavoz del terror sin tener que recurrir a la brutalidad o a la violencia. Siempre me aseguré que mis argumentos eran correctos, no se trataba simplemente de interrumpir o molestar (…) Cuando perdí la memoria, esperaba que los demás me dijeran que era cada cosa. Y era vital para mí que me dijeran la verdad porque necesitaba desesperadamente sus respuestas”. 

 

Y en la adolescencia es donde Lydon comienza a forjar su tremenda melomanía. Y al ver sus gustos musicales de esa época es donde se desmiente de una vez por todas la leyenda de que el punk despreciaba todo lo que anterior a ese Año 0 llamado 1976. Lydon era un amante del reggae oscuro, ya que tanto su barrio como la hinchada del Arsenal estaba plagada de jamaiquinos, negros y turcos; pero no dudaba y era seguidor de Hawkwind, la Edgar Broughton Band y toda la escena de los Free Festivals que tan bien detalla Norberto Cambiasso en Vendiendo Inglaterra por una libra, y le profesaba a un amor incondicional tanto a los alemanes de Can como al prog rock de Van Der Graaf Generator. Una auto educación rockera con muchas aristas en común, tanto por momento como por los amenidades, con la de Luca Prodan, tal como la narra Oscar Jalil en Libertad divino tesoro.

 

Y en cuanto a sus vivencias al comando de PiL, Lydon no duda en profesarle mucho más cariño a ese grupo y todos los músicos que por él pasaron (más allá de que con la mayoría no haya terminado en buenos términos) que a los Pistols. Desde la canción “Public Image” y su ajuste de cuentas con Malcolm McLaren (“Mi imagen pública me pertenece”) queda clarísimo que PiL es su criatura. Una criatura que vive su apogeo con la aparición de los discos Metal Box y Flowers Of Romance, y que hoy subsiste de manera independiente gracias a la participación de Lydon en diferentes realities shows y a su protagónico en un comercial de manteca en el Reino Unido, hecho que le valió numerosas críticas por parte de los moralistas de siempre.

 

Por último, La ira… es un ajuste de cuentas, pero el foco no es McLaren (que ya fue sometido en No Irish…). Vivianne Westwood, Joe Strummer, los periodistas Nick Kent y Jon Savage y la mayoría de los músicos que pasan por PiL sufren de la verba corrosiva de Lydon. Por otro lado, el cariño que le profesa a tipos que están en sus antípodas como Simon Le Bon y otros colegas por el estilo es genuino, más allá que deje claro que su música no le gusta. La ira… es un libro que se lee de un tirón y que permite penetrar dentro de la psiquis de una leyenda como John Lydon. Un tipo que jamás defraudó, y que envejece con un garbo y una coherencia de la que pocos se pueden jactar. Una virtud, la última, que no es inherente al arte, pero sí a una persona como el ex Johnny Rotten.

 

"La ira es energía: memorias sin censura". John Lydon (Editorial Malpaso)

En vivo en Teatro Vorterix, este jueves 11 de agosto, Avenida Federico Lacroze 3455, 21hs.

 

 


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